Hablar de desarme en un contexto internacional marcado por la normalización de conflictos armados ya constituye un desafío político. Incorporar, además, una perspectiva de género implica cuestionar las estructuras que históricamente han legitimado la agresión bélica como herramienta de seguridad. Las mujeres y niñas no solo experimentan los efectos de la violencia armada, sino que lo hacen de manera diferenciada y desproporcionada. No se trata de una casualidad: responde a pa